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Blog · Entre la Psicóloga y tu

¿Tu psicóloga se acuerda de ti fuera de consulta?

¿Mi psicóloga piensa en mí entre sesiones?

¿Tu psicóloga se acuerda de ti cuando termina la sesión? Te cuento qué me pasa a mí con mis pacientes cuando salen por la puerta y por qué pensar en ellos y saber desconectar son, para mí, dos partes igual de importantes de esta profesión.

¿Mi psicóloga piensa en mí entre sesiones?

Esta es una pregunta que quizá nunca le has hecho a tu psicóloga, pero que estoy bastante segura de que más de uno se ha planteado:

“Cuando salgo por esa puerta, ¿se olvida de mí hasta la semana que viene?”.

Y mi respuesta es: no.

O, mejor dicho: sí, a veces pienso en ti.

No estoy el domingo comiendo con mis amigos analizando lo que me contaste el martes. Ni me paso las noches pensando qué decisión deberías tomar con tu pareja. Y créeme, que sea así es bueno para ti y también para mí.

Pero una sesión tampoco desaparece de mi cabeza en cuanto cierro la puerta.

A veces estoy leyendo algo y pienso: “Esto se lo quiero enseñar”.

O preparo tu siguiente sesión y recuerdo una frase que dijiste casi al final, de esas que parecen pequeñas pero que a mí me dejaron pensando.

O me acuerdo de algo que dejamos pendiente y pienso: “Por aquí tenemos que seguir”.

Y otras veces, simplemente, me acuerdo de ti.

Los psicólogos también somos personas

Hay algo que creo que desde el otro lado de la consulta no siempre se ve: los psicólogos también somos personas.

Conocemos partes muy importantes de vuestra vida. Nos contáis cosas que quizá no habéis contado a nadie. Os vemos llegar fatal durante semanas y también os vemos un día entrar por la puerta y decir: “Arancha, tienes que ver lo que hice”.

Y claro que eso genera algo.

Me alegro cuando conseguís algo que llevábamos meses trabajando. Me acuerdo de aquella sesión horrible cuando, meses después, me contáis que estáis mejor. Hay sesiones que me hacen pensar cuando ya han terminado y momentos en los que, preparando la siguiente, veo algo que antes no habíamos conectado.

Para mí sería bastante extraño dedicarme a una profesión tan humana y pretender que la persona que tengo delante se convierte en una carpeta que cierro hasta el próximo martes a las cinco.

Pero hay otra parte de esto que también quiero contar.

Que me importes no significa que me lleve tu vida a casa

Yo también cierro la consulta.

Desconecto. Tengo mi familia, mis amigos, mis preocupaciones, mis planes y mis días en los que no quiero pensar absolutamente en nada relacionado con psicología.

Y durante mucho tiempo parece que hemos asociado ser un buen profesional con implicarse hasta el punto de cargar con todo.

Yo no lo veo así.

Que me importe lo que te pasa no significa que tenga que preocuparme por ti las veinticuatro horas. Y saber desconectar no significa que al día siguiente vaya a escucharte con menos interés.

De hecho, para mí ocurre justo lo contrario.

Necesito tener mi propia vida para poder estar realmente presente cuando entro en consulta.

Necesito descansar, reírme, hacer planes y preocuparme por mis propias cosas. Porque mi trabajo es acompañarte con todo mi criterio y atención cuando estamos trabajando juntos, no vivir tu vida contigo.

Hay cosas que sí se quedan conmigo

Y esto probablemente sea lo más difícil de explicar.

Porque hay pacientes que te cuentan algo y te acuerdas días después. Hay procesos que te emocionan. Hay avances que te hacen muchísima ilusión.

También hay veces que alguien se va y yo me quedo pensando: “Uf, hoy ha sido una sesión importante”.

Eso existe.

No creo que necesitemos fingir una especie de frialdad profesional para hacer bien nuestro trabajo.

Pero tampoco necesito convertir tus emociones en las mías.

Para mí, una parte bonita de esta profesión está precisamente en encontrar ese equilibrio: poder implicarme contigo sin apropiarme de tu historia.

Entre la psicóloga y tú

Cuando sales por la puerta no desapareces de mi cabeza hasta la siguiente cita. Pero tampoco necesito llevarme tu vida a casa para que me importe lo que te pasa.

Entonces, ¿qué lugar ocupa un paciente para su psicóloga?

No puedo responder por todos los psicólogos.

Pero sí puedo responderte por mí.

Cuando estamos en sesión, estoy contigo. Intento entender lo que me estás contando, recordar de dónde venimos, ver cosas que quizá tú todavía no estás viendo y pensar cómo podemos seguir avanzando.

Entre sesiones puedo preparar nuestro trabajo, acordarme de algo que dijiste o encontrar algo que quiero comentarte.

Después sigo con mi vida.

Y cuando vuelves, retomamos la tuya.

No creo que la cercanía y los límites sean cosas opuestas. Para mí, los límites también forman parte de cuidar bien una relación terapéutica.

Preguntas que quizá alguna vez te has hecho

¿Mi psicóloga se acuerda de lo que le cuento?

En mi caso, sí. Además de lo que recuerdo del proceso, preparo las sesiones y tengo presente aquello que considero relevante para nuestro trabajo. Eso no significa que recuerde absolutamente cada palabra que has dicho, ni creo que sea necesario para acompañarte bien.

¿Es normal que mi psicóloga se emocione con algo que le cuento?

Los psicólogos no dejamos de sentir por estar trabajando. Podemos alegrarnos con un avance o emocionarnos con una historia. Lo importante es que nuestras emociones no ocupen el espacio que corresponde al paciente.

¿Que mi psicóloga ponga límites significa que le importo menos?

Para mí, no. Precisamente los límites permiten que la relación siga siendo un espacio seguro y profesional. Acompañarte no significa estar disponible a cualquier hora ni vivir tus preocupaciones como propias.

Sí, a veces me acuerdo de ti

Así que, si alguna vez has salido de consulta preguntándote si tu psicóloga se acuerda de ti durante la semana, mi respuesta es bastante sencilla:

Sí, a veces lo hago.

A veces porque encuentro algo que quiero enseñarte. Porque estoy preparando nuestra siguiente sesión. Porque me acuerdo de una frase que dijiste. Porque has conseguido algo que sé cuánto te ha costado. O porque hay una conversación que sé que todavía tenemos que continuar.

Después sigo con mi día.

Y tú con el tuyo.

Hasta que volvemos a encontrarnos en consulta.

Y creo que precisamente ahí hay una de las partes que más me gustan de mi profesión: acompañarte de verdad, estar presente en tu proceso y, al mismo tiempo, no vivir tu vida por ti.

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