Hay pacientes que empiezan una frase con “Arancha, no sé si debería contarte esto…”. Después de años en consulta he escuchado confesiones, enfados, recaídas y alguna bomba en los últimos cinco minutos. Estas son algunas de esas cosas que pensaban que no podían decirme y otras que quizá tú también has pensado alguna vez.
Hay una frase que, cuando aparece en consulta, suele hacer que preste especial atención:
“Arancha, no sé si debería contarte esto…”
Y casi siempre pienso lo mismo: probablemente deberías.
Después de años sentándome delante de pacientes me han contado cosas que llevaban semanas, meses o casi toda la sesión intentando atreverse a decir.
Me han confesado que llevaban meses consumiendo mientras venían a consulta diciéndome que no lo hacían. Me han contado que habían vuelto a hablar con su ex. Que estaban enfadados conmigo. Que había algo de lo que les daba una vergüenza horrible hablar.
Y, por supuesto, también me han soltado alguna auténtica bomba cuando quedaban cinco minutos de sesión.
Sí. Sabemos que lo hacéis.
Y detrás de muchas de estas situaciones aparece algo que me interesa muchísimo más que la propia confesión:
“¿Qué va a pensar mi psicóloga de mí cuando le cuente esto?”
En este artículo encontrarás:
- 12 cosas que puedes contarle a tu psicóloga aunque te cueste hacerlo.
- Algunas situaciones que yo misma he vivido en consulta.
- Por qué ocultamos determinadas cosas incluso en terapia.
- Qué pienso realmente cuando un paciente me cuenta algo que le avergüenza.
- Por qué no necesitas convertirte también en un “buen paciente”.
1. “Arancha, no he hecho absolutamente nada de lo que hablamos”
Esta es un clásico.
Y suele venir acompañada de una cara muy parecida a la que poníamos cuando llegábamos al colegio sin los deberes.
Tranquila.
No voy a ponerte un negativo.
Si acordamos algo en consulta y vuelves la semana siguiente sin haberlo hecho, necesito saberlo. Pero no para regañarte.
Me interesa saber qué pasó.
¿Te resultó demasiado difícil? ¿Lo evitaste? ¿No tenía sentido para ti? ¿Te olvidaste? ¿No era el momento?
A veces lo que ha impedido hacer algo nos aporta más información que haberlo hecho perfectamente.
2. “Esto que me dijiste no me ha servido”
También puedes decírmelo.
Incluso puedes decirme:
“Arancha, esto me parece una tontería”.
No todas las herramientas funcionan igual para todas las personas. Puede que tengamos que plantearlo de otra manera, que no haya entendido bien lo que necesitabas o que simplemente tengamos que probar otra cosa.
No necesito que algo te funcione solo porque te lo haya propuesto yo.
3. “No estoy de acuerdo contigo”
Soy psicóloga.
Tengo formación, experiencia y conozco tu proceso.
Pero no vivo dentro de tu cabeza.
Puedo hacer una interpretación y que tú me digas:
“No, Arancha. Por ahí no es”.
Y está bien.
De hecho, prefiero saberlo a que asientas durante veinte minutos mientras por dentro estás pensando que no tengo ni idea de lo que te estoy diciendo.
4. “Me he enfadado contigo”
Puede ocurrir.
Puede que algo que te dije te molestara. Que sintieras que no te entendí. Que insistí demasiado. Que tocamos algo que no querías tocar.
O puedes salir pensando:
“Hoy Arancha me ha tocado bastante las narices”.
Puedes volver y decírmelo.
No necesito que salgas de cada sesión pensando que tu psicóloga es maravillosa.
Lo que ocurre también entre paciente y psicóloga puede ser importante, y poder hablar de ello forma parte del proceso.
5. “Llevo meses consumiendo y viniendo aquí diciéndote que no lo hacía”
Esta me la han dicho a mí.
Y no estamos hablando de una pequeña omisión.
Estamos hablando de alguien que llevaba meses viniendo a consulta, sentándose delante de mí y diciéndome que no estaba consumiendo cuando sí lo estaba haciendo.
Podría quedarme en:
“Me has estado mintiendo durante meses”.
Pero como psicóloga necesito ir bastante más allá.
¿Por qué no podías contármelo? ¿Qué pensabas que iba a ocurrir si lo hacías? ¿Te daba miedo decepcionarme? ¿Que te juzgara? ¿Reconocerlo delante de mí significaba también reconocer ante ti mismo algo para lo que todavía no estabas preparado?
Que pueda entender por qué alguien ha ocultado información no significa que esa mentira no tenga importancia.
La tiene.
Si desconozco una parte fundamental de lo que está ocurriendo, estoy intentando trabajar con una historia incompleta.
Pero cuando finalmente puedes decirme la verdad, mi trabajo no es responder:
“Me has decepcionado”.
Mi trabajo empieza por:
“Vale. Ahora sabemos lo que está pasando. Vamos a trabajar desde aquí”.
6. “Le he vuelto a hablar a mi ex”
Otra frase que a veces necesita introducción:
“Arancha… tengo que contarte una cosa”.
Y casi podría terminarla yo.
Has vuelto a hablarle.
No voy a confiscarte el móvil al entrar en consulta.
Y tampoco voy a pensar: “Después de todo lo que hemos trabajado y ahora haces esto”.
Quiero saber qué ocurrió.
Qué sentiste antes de escribirle. Qué estabas buscando. Qué ocurrió después. Cómo te sentiste cuando terminó esa conversación.
Volver a hacer algo que estabas intentando dejar de hacer no borra automáticamente todo el trabajo anterior.
Lo que ha pasado también nos sirve para entender qué necesitas.
7. “Hay momentos en los que me encantaría estrangular a mi propio hijo”
Esta es de esas confesiones que pueden llegar precedidas por:
“Vas a pensar que soy una madre horrible”.
Y cuando finalmente lo dicen, muchas veces hacen algo inmediatamente después:
mirarme la cara.
Buscan mi reacción.
Porque quieren muchísimo a su hijo y, al mismo tiempo, han podido sentirse tan agotadas, frustradas o sobrepasadas que por su cabeza ha pasado un pensamiento agresivo que después les ha generado una culpa enorme.
Aquí necesito hacer una distinción importante: pensar algo no equivale automáticamente a querer hacerlo.
Mi trabajo no consiste en escandalizarme por la frase, sino en comprender qué significa en esa persona concreta.
¿Ha aparecido en un momento de saturación? ¿Es un pensamiento o una imagen que le asusta y que no desea? ¿Siente que podría perder el control? ¿Existe intención real de hacer daño?
No todas esas situaciones son iguales y necesitamos diferenciarlas.
Si alguien siente que realmente puede hacer daño a su hijo o perder el control, la prioridad es proteger al menor, alejarse de la situación de forma segura y pedir ayuda inmediata. Eso ya no es simplemente “algo horrible que me da vergüenza contar”.
Pero tampoco quiero que una madre o un padre oculte un pensamiento que le asusta únicamente porque cree que reconocerlo hará que yo piense que es una mala persona.
Si algo que está pasando por tu cabeza te preocupa, precisamente necesito que podamos hablar de ello.
8. “Me da muchísima vergüenza contarte esto”
Sexualidad. Celos. Fantasías. Relaciones. Pensamientos. Decisiones de las que no estás orgullosa. Algo que hiciste hace años.
He visto a pacientes tardar muchísimo en llegar a una frase porque antes necesitaban asegurarse de que podían decirla.
Y no necesito que maquilles tu historia para conseguir que yo tenga una buena opinión de ti.
Necesito entender lo que realmente te ocurre.
9. “Estoy peor de lo que te estoy contando”
Hay personas que intentan demostrar incluso a su psicóloga que pueden con todo.
“Estoy bien”.
“Esta semana mejor”.
“Lo estoy llevando”.
Y rascas un poquito.
Y resulta que no.
Que está siendo una semana horrible.
Que están agotadas.
Que están intentando que incluso su psicóloga piense que están avanzando como deberían.
No tienes que mejorar para mí.
Si estás peor, necesito saber que estás peor.
10. “No quiero hablar de esto hoy”
También puedes poner este límite en terapia.
Puedes decirme:
“Sé que tenemos que hablar de esto, pero hoy no puedo”.
Que yo haga una pregunta no significa que automáticamente tengas que estar preparada para responderla.
Y a veces poder decir “todavía no” ya nos está contando algo importante.
11. “Te he dejado la bomba para los últimos cinco minutos”
Estamos cerrando la sesión.
Ya prácticamente estamos terminando.
Y entonces:
“Ah, por cierto, hay una cosa que no te he contado…”
Y llega la bomba.
Sí.
Sabemos que lo hacéis.
Y preferiría que algunas bombas llegaran un poquito antes, no te voy a engañar.
Pero también sé que muchas veces no es casualidad.
Quizá llevabas queriendo decírmelo desde que entraste y has necesitado cincuenta minutos para atreverte.
Quizá te daba vergüenza.
Quizá tenías miedo de mi reacción.
O quizá decirlo cuando quedan cinco minutos te permite abrir algo muy difícil sabiendo que no vas a tener que quedarte demasiado tiempo dentro de ello.
Así que, además de lo que acabas de contarme, probablemente tengamos otra pregunta:
¿qué ha hecho que hayas necesitado esperar hasta el final para poder decírmelo?
12. “Me preocupa mucho lo que puedas pensar de mí”
Esta quizá nunca me la has dicho.
Pero sospecho que a más de un paciente se le ha pasado por la cabeza.
¿Qué pensará Arancha si le cuento esto?
¿Pensará que soy mala persona?
¿Que estoy fatal?
¿Que no estoy avanzando?
¿Que después de todo lo que hemos trabajado no debería haber vuelto a hacer esto?
Y creo que esta frase explica muchas de las anteriores.
A veces intentamos ser también “buenos pacientes”:
- Hacer todo lo que hemos hablado.
- Mejorar al ritmo que creemos que se espera de nosotros.
- No enfadarnos con nuestra psicóloga.
- No volver a cometer determinados errores.
- Contar una versión de nosotros que resulte más fácil de aceptar.
Y resulta que esa necesidad de agradar, no decepcionar o demostrar que puedes también puede estar apareciendo fuera de la consulta.
Quizá llevas años intentando ser la hija que no da problemas, la pareja que aguanta, la trabajadora que siempre cumple o la persona que nunca necesita demasiado de nadie.
Y un día descubres que también estabas intentando ser la paciente perfecta.
Idea clave
No necesito que me cuentes lo que crees que una psicóloga quiere escuchar. Muchas veces, aquello que más miedo te da decir en consulta es precisamente algo que necesitamos poder comprender juntos.
¿Y si estoy pensando en dejar la terapia?
También puedes decírmelo.
No quiero que alguien siga viniendo a consulta únicamente porque le da apuro decirme que quiere parar.
Quizá consideras que estás bien. Quizá necesitas un descanso. Quizá no sientes que estés avanzando. Quizá algo de nuestro trabajo no está funcionando para ti. O quizá necesitas otro profesional.
Hablar de dejar la terapia también puede formar parte de la terapia.
Y si hay algo que no está funcionando entre nosotros, prefiero tener la oportunidad de escucharlo.
Lo importante no es que me lo cuentes perfectamente
Me han dicho que llevaban meses consumiendo mientras en cada sesión aseguraban que no lo hacían.
Me han contado que volvieron a hablar con su ex.
Me han dicho que estaban enfadados conmigo.
Me han contado pensamientos que les hacían sentirse madres horribles.
Y me han soltado auténticas bombas cuando ya estábamos casi levantándonos del sillón.
Y muchas veces, detrás de todo eso, había un miedo parecido:
“¿Qué vas a pensar de mí?”
No necesito que seas una buena paciente para mí.
No necesito que estés siempre de acuerdo conmigo, que hagas perfectamente todo lo que hablamos o que avances de una determinada manera.
Necesito que, poco a poco, podamos conseguir que la consulta sea también un lugar donde no tengas que interpretar el papel de la persona que crees que deberías ser.
Preguntas frecuentes
¿Mi psicóloga puede juzgarme por algo que le cuente?
Tu miedo a ser juzgado puede aparecer en terapia igual que aparece en otras relaciones. Si te preocupa especialmente lo que tu psicóloga pueda pensar de ti, hablar de ese miedo puede aportar información muy útil al proceso.
¿Puedo decirle a mi psicóloga que no estoy de acuerdo con ella?
Sí. La terapia no exige estar de acuerdo con todas las interpretaciones o propuestas del profesional. Poder expresar un desacuerdo permite revisar lo que está ocurriendo y ajustar el trabajo terapéutico.
¿Qué pasa si he mentido a mi psicóloga?
Puedes reconocerlo aunque haya pasado tiempo. La información que se oculta puede afectar al proceso, pero también puede ser importante explorar qué hizo que sintieras que no podías contarla y trabajar a partir de ahí.
¿Es normal contar algo importante justo al final de la sesión?
Puede ocurrir. A veces una persona necesita gran parte de la sesión para reunir el valor necesario para hablar de algo difícil. También puede ser una forma de acercarse a un tema sabiendo que queda poco tiempo. Si ocurre, puede retomarse y explorarse con más espacio.
¿Qué ocurre si cuento que tengo pensamientos de hacer daño a alguien?
Un pensamiento no permite concluir por sí solo que exista intención de llevarlo a cabo. El profesional necesitará explorar qué tipo de pensamiento es, su contexto y si existe intención o riesgo real. Si sientes que podrías perder el control y hacer daño a alguien, la prioridad es garantizar la seguridad y buscar ayuda inmediata.
Quizá eso que estás evitando decir sea un buen lugar para empezar
Si llevas varias sesiones pensando:
“Esto a mi psicóloga mejor no se lo cuento”,
quizá puedas empezar la próxima precisamente con esa frase.
No tienes que saber explicarlo perfectamente.
Incluso puedes decir:
“Hay algo que quiero contarte, pero me da miedo lo que vayas a pensar de mí”.
Con eso ya tenemos por dónde empezar.
Porque no necesito que te sientes delante de mí siendo la versión de ti que crees que debería conocer.
Necesito que poco a poco puedas sentir que también aquí puedes contarme lo que realmente te está pasando.