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Blog · Terapia de adultos

¿Cómo ayudar a un adolescente a gestionar el duelo por una pérdida?

Duelo en adolescentes: cómo acompañarles cuando pierden a alguien importante

El duelo en la adolescencia no siempre se expresa con tristeza o llanto. La pérdida de un familiar, un amigo o un vínculo importante puede aparecer también como rabia, aislamiento, cambios de conducta o aparente indiferencia. Entender estas reacciones ayuda a acompañar sin invadir y a reconocer cuándo el adolescente puede necesitar más ayuda.

Duelo en adolescentes: cómo acompañarles cuando pierden a alguien importante

Ha perdido a alguien importante.

Durante los primeros días parecía triste. Quizá lloró, hizo preguntas o quiso estar cerca de vosotros.

Pero ahora apenas habla del tema.

Pasa más tiempo encerrado en su habitación. Está continuamente con sus amigos o mirando el móvil. Cuando intentas preguntarle cómo se encuentra, responde:

“Estoy bien”.

“No quiero hablar”.

“Déjame”.

Y, sin embargo, está más irritable. Un día explota por algo aparentemente pequeño. Otro vuelve del instituto y se encierra sin decir nada.

Como padre o madre, puede resultar difícil saber qué hacer.

¿Está gestionando la pérdida a su manera o estas conductas indican que necesita ayuda?

El duelo durante la adolescencia puede expresarse de formas muy diferentes. Hay adolescentes que necesitan hablar y otros que necesitan más espacio. Algunos lloran con facilidad y otros parecen continuar con su vida como si nada hubiera ocurrido.

Incluso un mismo adolescente puede pasar de estar profundamente triste a reírse con sus amigos unas horas después.

Acompañar un duelo adolescente no consiste en conseguir que exprese el dolor de una determinada manera. Implica entender qué ha perdido, respetar cómo está pudiendo afrontarlo y permanecer atentos a cómo evoluciona.

En este artículo encontrarás:

  • Cómo puede manifestarse el duelo durante la adolescencia.
  • Por qué la pérdida de una amistad puede tener un impacto muy importante.
  • Cómo ayudar cuando el adolescente no quiere hablar.
  • Qué reacciones conviene evitar desde la familia.
  • Qué señales indican que puede necesitar ayuda profesional.
  • Cómo acompañar cuando toda la familia también está de duelo.

El duelo adolescente no siempre se parece al duelo que los adultos esperan

Cuando pensamos en alguien que está atravesando una pérdida, solemos imaginar tristeza, llanto y necesidad de hablar sobre lo ocurrido.

Pero el dolor no siempre se muestra así.

Durante la adolescencia pueden aparecer tristeza y llanto, pero también enfado, irritabilidad, necesidad de estar solo, mayor dependencia de los amigos, dificultades para concentrarse o momentos en los que aparentemente el adolescente está completamente bien.

Esto puede desconcertar a los adultos.

Quizá hace unas horas estaba llorando y ahora está riéndose mientras juega online con sus amigos.

O ha fallecido alguien importante y al día siguiente pregunta si puede salir.

Estas conductas no significan necesariamente que la pérdida no le importe.

Estar de duelo no implica estar conectado permanentemente con el dolor.

Los momentos de distracción, diversión y normalidad pueden convivir con otros de tristeza, rabia o añoranza.

Idea clave

Que un adolescente no llore, quiera salir con sus amigos o tenga momentos en los que parece estar bien no significa que no esté sintiendo la pérdida. El duelo no necesita expresarse de una única manera para ser real.

No todas las pérdidas son iguales, pero importa qué significaba ese vínculo para él

Cuando hablamos de duelo solemos pensar inmediatamente en el fallecimiento de un familiar.

Es una de las pérdidas más importantes que puede atravesar un adolescente, pero no es la única.

Puede fallecer uno de sus padres, un hermano, un abuelo u otro familiar significativo. También puede morir un amigo, compañero de clase o alguien de su entorno.

Y existen otras pérdidas relacionales que, sin ser equivalentes a una muerte, pueden generar un proceso emocional importante: la ruptura de una amistad muy significativa, una separación sentimental, la pérdida de un grupo de pertenencia o la distancia respecto a alguien que ocupaba un lugar central en su vida.

No necesitamos equiparar todas estas experiencias para reconocer algo importante:

la intensidad del dolor no depende únicamente del nombre que los adultos demos a la relación, sino del significado que ese vínculo tenía para el adolescente.

La pérdida de una amistad durante la adolescencia puede doler mucho

“Pero si era solo una amiga”.

“Ya conocerás a otras personas”.

“Dentro de unos meses ni te acordarás”.

Estas frases pueden parecer tranquilizadoras desde una perspectiva adulta, pero durante la adolescencia las amistades pueden ocupar un lugar fundamental.

Los amigos participan en la construcción de la identidad, la pertenencia y la progresiva autonomía respecto a la familia.

Por eso la ruptura de una amistad muy significativa puede generar tristeza, enfado, sensación de rechazo, soledad o pérdida de pertenencia.

Cuando se produce el fallecimiento de un amigo o compañero, además, el adolescente puede enfrentarse a algo especialmente difícil: descubrir de una manera muy cercana que alguien de su misma edad puede morir.

Pueden aparecer preguntas sobre la propia vulnerabilidad, miedo a que ocurra algo a otros amigos, culpa relacionada con conversaciones o conflictos anteriores o una fuerte necesidad de permanecer conectado con el grupo.

En estos casos, los amigos pueden convertirse también en una parte muy importante del apoyo.

Que un adolescente prefiera hablar con ellos sobre determinadas cosas no significa necesariamente que esté rechazando a su familia.

¿Cómo puede manifestarse el duelo en un adolescente?

No existe una reacción que todos los adolescentes deban experimentar.

Además, muchas de las siguientes conductas pueden aparecer por otros motivos. Por eso no debemos interpretar un cambio aislado como prueba de que existe un problema con el duelo.

Lo importante es observar el contexto, la intensidad, cuánto se mantiene y cómo está afectando a su vida.

Tristeza y llanto

Puede llorar al recordar a la persona, al encontrarse con objetos asociados a ella, en fechas especiales o de una manera aparentemente inesperada.

También puede intentar evitar llorar delante de la familia y hacerlo cuando está solo.

Irritabilidad o enfado

El dolor no siempre aparece como tristeza.

Puede estar más susceptible, responder con mayor intensidad o enfadarse ante pequeñas situaciones cotidianas.

Esto no significa que cualquier falta de respeto deba justificarse por el duelo, pero sí conviene preguntarnos qué puede haber detrás de un cambio de comportamiento.

Necesidad de aislarse

Puede querer pasar más tiempo en su habitación, escuchar música, dormir o simplemente estar solo.

Necesitar momentos de intimidad puede formar parte del proceso.

Lo que merece mayor atención es un aislamiento que se vuelve cada vez más intenso y termina desconectándolo también de amistades, actividades y personas que anteriormente eran importantes.

Mayor necesidad de estar con sus amigos

En otras ocasiones ocurre justo lo contrario.

El adolescente quiere estar continuamente con su grupo.

Puede sentirse más comprendido por personas de su edad o encontrar en esos encuentros un espacio donde recuperar temporalmente cierta normalidad.

No debemos interpretar automáticamente esta conducta como una forma de “escapar” del duelo.

Dificultades para concentrarse

Después de una pérdida puede costar estudiar, mantener la atención o recuperar el rendimiento habitual.

El instituto continúa pidiendo trabajos, exámenes y responsabilidades aunque emocionalmente el adolescente esté intentando adaptarse a una realidad diferente.

Puede ser necesario cierto margen durante un tiempo y, cuando resulte adecuado, coordinación entre la familia y el centro educativo.

Cambios en el sueño o el apetito

Puede costarle conciliar el sueño, despertarse durante la noche, dormir más de lo habitual o experimentar cambios en el apetito.

Cuando estas alteraciones son intensas o se mantienen, conviene prestarles especial atención.

Culpa

Después de una pérdida pueden aparecer pensamientos como:

“Tendría que haberle llamado”.

“La última vez discutimos”.

“No debería haberle dicho eso”.

“Podría haber hecho algo”.

En ocasiones el adolescente revisa lo ocurrido desde la información que tiene ahora y se responsabiliza de situaciones sobre las que realmente tenía poco o ningún control.

Aparente indiferencia

Algunos padres se preocupan porque su hijo apenas muestra emoción.

Puede cambiar rápidamente de conversación, evitar hablar de la persona o comportarse como si nada hubiera ocurrido.

No podemos concluir únicamente a partir de esto que no esté afectado.

A veces acercarse al dolor resulta difícil y la persona necesita hacerlo poco a poco. En otros casos, simplemente expresa sus emociones de una manera menos visible.

Algunas frases que pueden aparecer son:

  • “Estoy bien, no quiero hablar de eso”.
  • “Nadie entiende cómo me siento”.
  • “No quiero que me preguntéis todo el rato”.
  • “No es justo”.
  • “Ojalá hubiera hecho las cosas de otra manera”.
  • “Quiero que todo vuelva a ser como antes”.

Mi hijo no quiere hablar de la pérdida: ¿debo insistir?

No necesariamente.

Una de las preocupaciones habituales de las familias es pensar que, si el adolescente no habla, está reprimiendo lo que siente y hay que conseguir que se abra.

Pero obligarle a mantener conversaciones para las que todavía no está preparado puede conseguir justo lo contrario: que se cierre más.

Estar disponible es diferente a presionar.

Puedes decirle:

“No tienes que hablar ahora si no quieres, pero si en algún momento necesitas hacerlo, estoy aquí”.

Y después respetarlo.

También es importante entender que quizá decida hablar con otra persona.

Un hermano mayor, un tío, un profesor, un entrenador o un amigo pueden convertirse en figuras importantes durante el proceso.

Como padre o madre puede doler sentir que tu hijo cuenta a otros algo que no quiere compartir contigo, pero el objetivo no debería ser convertirnos necesariamente en la única persona con la que pueda hablar, sino asegurarnos de que no está atravesando todo esto completamente solo.

Cómo ayudar a un adolescente a gestionar una pérdida

1. Reconoce la importancia de lo que ha perdido

No intentes decidir cuánto debería dolerle.

Si ha perdido a una persona importante, una amistad o un vínculo significativo, empieza reconociendo lo que esa relación representaba para él.

Podemos no comprender completamente la intensidad de una pérdida y, aun así, respetarla.

2. Haz preguntas que permitan responder, no que obliguen a hablar

“¿Cómo estás?” puede ser una pregunta demasiado amplia cuando alguien ni siquiera sabe explicar cómo se siente.

En algunos momentos puede resultar más fácil preguntar:

“¿Qué está siendo lo más difícil estos días?”.

“¿Hay algún momento del día en el que lo notes más?”.

“¿Prefieres hablar o necesitas que simplemente esté contigo?”.

Si no quiere responder, no conviertas ese silencio en un conflicto.

3. Permite que siga teniendo momentos normales

Salir, reírse, jugar, quedar con amigos o interesarse por otras cosas no significa olvidar a la persona.

El adolescente no necesita demostrar continuamente que está de duelo.

Los momentos agradables pueden convivir con la pérdida.

Evita hacerle sentir culpable con comentarios como:

“Pues para estar tan triste, bien que sales con tus amigos”.

Disfrutar durante unas horas no invalida el dolor.

4. Mantén cierta estructura cotidiana sin exigir normalidad inmediata

Volver progresivamente a los horarios, al instituto y a algunas actividades puede aportar estabilidad.

Pero recuperar estructura no significa esperar que funcione exactamente igual que antes desde el primer momento.

Puede necesitar más descanso, cierta flexibilidad académica o reducir temporalmente algunas exigencias.

El equilibrio está en evitar tanto una presión excesiva como una retirada completa e indefinida de su vida cotidiana.

5. Dale formas diferentes de recordar

No todo el trabajo emocional tiene que hacerse hablando.

Algunos adolescentes pueden querer conservar fotografías, escuchar música relacionada con esa persona, escribir algo, visitar un lugar significativo, participar en un ritual familiar o mantener algún objeto que les conecte con el vínculo.

Otros no querrán hacerlo.

Estas posibilidades pueden ofrecerse, pero no imponerse.

6. Habla con el instituto cuando sea necesario

Si la pérdida está afectando a su concentración, asistencia o rendimiento, puede ser útil que alguna persona de referencia en el centro conozca la situación.

No es necesario compartir más información de la que corresponda.

Pero disponer de contexto puede evitar que determinados cambios se interpreten únicamente como desinterés, falta de esfuerzo o mala conducta.

7. Sigue poniendo límites

Comprender que un adolescente está sufriendo no significa que desaparezcan todos los límites.

Puede estar más irritable y necesitar mayor paciencia, pero eso no implica aceptar agresiones, conductas peligrosas o cualquier forma de tratar a los demás.

Es posible sostener ambas cosas:

“Entiendo que estés muy enfadado y quiero ayudarte”.

Y:

“No puedes hablarnos de esta manera”.

Acompañar emocionalmente no significa dejar de ejercer como padres.

Qué conviene evitar cuando un adolescente está de duelo

  • Decirle que tiene que ser fuerte. Puede transmitirle que mostrar dolor significa no estar afrontándolo bien.
  • Presionarle para que hable. Estar disponible suele ser más útil que convertir cada silencio en una conversación obligatoria.
  • Minimizar la relación perdida. “Era solo un amigo” o “ya conocerás a otra persona” puede hacer que se sienta incomprendido.
  • Marcarle un plazo. Comentarios como “ya ha pasado bastante tiempo” no tienen en cuenta que el duelo no sigue un calendario exacto.
  • Intentar encontrar siempre algo positivo. “Por lo menos...” puede interrumpir una emoción que necesita ser escuchada, no compensada.
  • Interpretar cualquier conducta como parte del duelo. Una pérdida no debería impedirnos investigar otros problemas que puedan estar ocurriendo.
  • Vigilar constantemente cómo se siente. Estar atentos no significa convertir cada cambio de humor en una señal de alarma.

¿Y si parece que no está triste?

Este punto genera mucha inquietud en algunas familias.

“No ha llorado”.

“No pregunta por la persona”.

“Parece que no le afecta”.

No existe una cantidad de lágrimas que permita medir la importancia de un vínculo.

Algunos adolescentes necesitan mantener temporalmente cierta distancia respecto a lo ocurrido. Otros expresan más mediante cambios de comportamiento que mediante palabras.

También puede ocurrir que el adolescente haya podido integrar la pérdida de una manera distinta a la esperada por los adultos.

Por eso no debemos provocar emociones para comprobar si existen.

La pregunta más útil es observar globalmente cómo está funcionando: si mantiene vínculos, puede continuar con su vida, conserva intereses y dispone de personas con las que apoyarse cuando lo necesita.

Cuando los padres también están de duelo

Si ha fallecido un familiar, probablemente el adulto que intenta acompañar al adolescente también está sufriendo.

Puede que hayas perdido a tu pareja, a uno de tus padres, a un hermano o a otra persona importante para ti.

No necesitas fingir que estás perfectamente para proteger a tu hijo.

Puede ser saludable que vea que los adultos también sienten tristeza, lloran y echan de menos.

Esto puede transmitir que hablar de la persona y emocionarse no es algo que haya que esconder.

Pero existe una diferencia importante entre compartir el duelo y hacer al adolescente responsable de sostener el duelo del adulto.

Tu hijo puede acompañarte en algunos momentos, pero no debería sentir que necesita estar bien para no preocuparte, dejar de hablar de su propio dolor porque tú estás peor o convertirse en la persona encargada de cuidarte emocionalmente.

Los adultos también necesitamos nuestra propia red de apoyo.

¿Cómo saber si es un duelo esperable o si necesita ayuda?

No existe una duración exacta que permita separar automáticamente un duelo “normal” de uno problemático.

Tampoco debemos alarmarnos por un día especialmente difícil, una fecha significativa o un momento en el que el adolescente vuelve a sentirse peor después de haber estado mejor.

El proceso no siempre es lineal.

Resulta más útil observar la intensidad del malestar, su evolución y cuánto está interfiriendo en la vida del adolescente.

Conviene prestar especial atención si:

  • El aislamiento es cada vez mayor y también se aleja de sus amistades y actividades habituales.
  • Abandona durante un periodo prolongado cosas que anteriormente eran importantes para él.
  • Existen cambios intensos y persistentes en el sueño o la alimentación.
  • El rendimiento académico se deteriora de forma marcada y mantenida.
  • La culpa relacionada con la pérdida es muy intensa.
  • Aparece desesperanza persistente o una visión muy negativa del futuro.
  • Empieza a utilizar alcohol u otras sustancias para evitar o manejar lo que siente.
  • Aumentan significativamente las conductas impulsivas o de riesgo.
  • El malestar continúa aumentando y está interfiriendo de forma importante en su funcionamiento cotidiano.

Estas señales no permiten realizar un diagnóstico por sí mismas, pero sí indican que merece la pena comprender con mayor profundidad qué está ocurriendo.

En estos casos, un espacio de terapia con adolescentes puede permitir explorar la pérdida dentro de su contexto familiar, académico y social, respetando además que el vínculo con el adolescente necesita construirse sin juicio ni presión.

Cuando el duelo está afectando a toda la dinámica familiar, también puede ser necesario abordar cómo está afrontando la pérdida el conjunto de la familia.

Hay señales ante las que no conviene esperar

Hay situaciones que requieren una respuesta diferente a simplemente “darle tiempo”.

Si un adolescente habla de querer morir, expresa que la vida ya no merece la pena, presenta conductas autolesivas, realiza conductas que ponen seriamente en riesgo su seguridad o existe preocupación por un posible riesgo suicida, es necesario buscar ayuda profesional de forma inmediata.

No debemos asumir que una frase relacionada con la muerte es simplemente “parte del duelo” o una manera adolescente de llamar la atención.

Preguntar directamente por estas ideas cuando existen señales de preocupación no introduce el pensamiento en su cabeza. Permite conocer mejor qué está ocurriendo y actuar.

Ante un riesgo inmediato, la prioridad es garantizar su seguridad y recurrir a los servicios sanitarios o de emergencia correspondientes.

El duelo tampoco explica automáticamente todos los cambios de la adolescencia

Después de una pérdida podemos sentir la tentación de interpretar todo desde ella.

“Está suspendiendo por el duelo”.

“Está enfadado por lo que pasó”.

“Ya no sale porque todavía está triste”.

Puede ser así.

Pero también puede haber conflictos con amigos, dificultades en el instituto, problemas de autoestima, situaciones de acoso, ansiedad u otras circunstancias que estén ocurriendo al mismo tiempo.

El duelo forma parte del contexto, pero no debería convertirse en una explicación automática para cualquier cambio.

Por eso acompañar también significa seguir interesados en su vida completa, no únicamente en cómo lleva la pérdida.

¿Qué hacer cuando parece que empieza a estar mejor?

Cuando recupera actividades, vuelve a salir o empieza a hablar con más normalidad, podemos sentir alivio.

Pero estar mejor no significa que el duelo haya terminado ni que no pueda volver a emocionarse.

Un cumpleaños, una canción, una fotografía, una celebración familiar o el aniversario de la pérdida pueden hacer que reaparezca el dolor.

Eso no implica necesariamente que haya retrocedido.

Podemos permitir que la persona fallecida o el vínculo perdido siga teniendo un lugar en las conversaciones sin obligar al adolescente a hablar de ello.

Recordar y continuar con la vida no son procesos incompatibles.

Preguntas frecuentes

¿Es normal que un adolescente no llore después de una pérdida?

Sí. El llanto es una posible expresión del dolor, pero no la única. Algunos adolescentes hablan poco, buscan distracción, necesitan estar con amigos o muestran su malestar de formas menos evidentes. Conviene observar el conjunto de su funcionamiento y cómo evoluciona, no medir el duelo por cuánto llora.

¿Debo obligar a mi hijo adolescente a hablar de la persona que ha perdido?

No. Es mejor ofrecer disponibilidad y crear oportunidades para hablar sin convertirlas en una obligación. Puedes hacerle saber que estás dispuesto a escuchar y respetar que quizá necesite tiempo o prefiera apoyarse también en otra persona de confianza.

¿Es normal que quiera salir con sus amigos después de una pérdida?

Puede serlo. Tener momentos de diversión, relacionarse o buscar cierta normalidad no significa que haya olvidado a la persona ni que no esté sufriendo. Los amigos pueden ser además una fuente importante de apoyo durante la adolescencia.

¿Cuánto dura el duelo en un adolescente?

No existe un plazo universal. Influyen el vínculo perdido, las circunstancias de la pérdida, el apoyo disponible, las experiencias previas y las características del adolescente. Más que esperar que esté bien en una fecha concreta, conviene observar cómo evoluciona y si puede continuar progresivamente con su vida.

¿Cuándo debería llevar a mi hijo al psicólogo por un duelo?

Puede ser recomendable consultar cuando el malestar es muy intenso, aumenta con el tiempo o interfiere de forma importante en sus relaciones, estudios, descanso o vida cotidiana. Ante autolesiones, ideas relacionadas con querer morir o riesgo para su seguridad, es necesario buscar ayuda de forma inmediata.

Acompañar no significa conseguir que deje de doler cuanto antes

Como padres, es difícil ver sufrir a un hijo y aceptar que no podemos quitarle ese dolor.

Podemos escuchar.

Podemos estar disponibles.

Podemos respetar sus silencios sin desaparecer.

Podemos mantener límites y rutinas mientras ofrecemos algo más de flexibilidad.

Podemos recordar a la persona cuando quiera hacerlo y permitirle disfrutar cuando necesite descansar del dolor.

Y podemos estar atentos a aquellas señales que indican que ya no basta únicamente con darle tiempo.

Tu hijo adolescente no necesita vivir el duelo como tú esperas para estar sintiendo la pérdida.

Necesita saber que puede acercarse cuando quiera hablar, tener espacio cuando lo necesite y seguir contando con adultos capaces de distinguir entre respetar su proceso y dejarle solo con algo que le está desbordando.

Si observas que la pérdida está afectando de forma importante a su comportamiento, relaciones, estudios o bienestar emocional y no sabes cómo acompañarle, puedes consultarnos para valorar qué está ocurriendo y qué apoyo puede necesitar.

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