Saltar al contenido

Blog · Terapia Infantil

¿Cómo apoyar a un hijo con TEA desde la familia?

Cómo apoyar a un hijo con TEA desde la familia: pautas para comprenderle y acompañarle

Recibir un diagnóstico de TEA o empezar un proceso de evaluación puede generar muchas dudas en una familia. ¿Qué necesita nuestro hijo? ¿Debemos cambiar las normas? ¿Cómo actuar ante una crisis? ¿Hasta dónde adaptar y cuándo fomentar autonomía? Comprender el TEA y contar con orientación profesional permite acompañar al niño desde sus necesidades reales sin reducirle a un diagnóstico.

Cómo apoyar a un hijo con TEA desde la familia: pautas para comprenderle y acompañarle

Desde hace un tiempo notas algunas cosas.

Un cambio de planes que para los demás parece pequeño puede afectarle muchísimo.

Hay determinados ruidos, lugares o situaciones que le desbordan.

Quizá le cuesta relacionarse de la manera que esperabais, tiene intereses muy intensos o necesita hacer algunas cosas de una forma especialmente predecible.

En el colegio también han observado ciertas dificultades.

Entonces alguien menciona por primera vez tres letras:

TEA.

Y empiezas a buscar.

Lees artículos. Ves vídeos. Encuentras listas de señales. Experiencias de otras familias. Recomendaciones que a veces incluso se contradicen.

Hasta que la pregunta deja de ser únicamente:

“¿Tendrá mi hijo TEA?”.

Y aparece otra probablemente mucho más importante:

“¿Qué necesita realmente mi hijo y cómo podemos ayudarle desde casa?”.

El Trastorno del Espectro Autista (TEA) es una condición del neurodesarrollo. Pero saber esto no nos dice automáticamente cómo es un niño concreto.

Dos niños con el mismo diagnóstico pueden tener capacidades, dificultades, formas de comunicarse y necesidades muy diferentes.

Por eso acompañar a un hijo con TEA no debería consistir en aplicar una lista idéntica de pautas para todos.

El primer paso es comprender al niño que tenemos delante.

En este artículo encontrarás:

  • Qué señales pueden llevar a plantear una valoración de TEA.
  • Por qué el diagnóstico debe realizarlo un profesional.
  • Qué puede aportar un diagnóstico a la familia.
  • Cómo acompañar a un niño con TEA desde casa.
  • Cómo actuar ante momentos de desregulación.
  • Cómo adaptar sin caer en la sobreprotección.
  • Por qué es importante coordinarse con el colegio y los profesionales.
  • Cuándo puede ser necesario buscar ayuda adicional.

¿Qué señales pueden hacer pensar que un niño podría tener TEA?

Muchas familias llegan a consulta después de observar determinadas características durante un tiempo.

Puede haber diferencias relacionadas con la comunicación y la interacción social.

Algunos niños pueden tener dificultades para comprender determinadas situaciones sociales, iniciar o mantener interacciones o adaptarse a las dinámicas con otros niños.

También pueden aparecer patrones repetitivos de comportamiento, intereses especialmente intensos, una necesidad importante de predictibilidad o dificultades ante determinados cambios.

En algunos casos existen diferencias en el procesamiento sensorial.

Un ruido que apenas llama la atención de otras personas puede resultar muy molesto. Determinadas texturas, luces, olores o ambientes pueden generar rechazo o saturación.

Pero existe un matiz fundamental:

ninguna de estas características por separado permite diagnosticar TEA.

Un niño puede tener dificultades sociales por diferentes motivos. Puede necesitar rutinas y no tener TEA. Puede presentar sensibilidad a determinados estímulos y no estar dentro del espectro.

Por eso las listas de señales pueden ayudarnos a decidir que queremos consultar, pero no deberían utilizarse para llegar a un diagnóstico en casa.

Idea clave

Reconocer características compatibles con TEA puede ser un motivo para solicitar una valoración. No es una forma de confirmar el diagnóstico. La evaluación necesita comprender el desarrollo y funcionamiento global del niño.

¿Por qué es importante realizar una evaluación profesional?

Cuando una familia empieza a sospechar que su hijo podría tener TEA, es comprensible querer encontrar una respuesta cuanto antes.

Pero el objetivo de una evaluación no debería ser simplemente confirmar una sospecha.

Debería ayudarnos a responder una pregunta más amplia:

“¿Qué está ocurriendo y qué necesita este niño?”.

Una valoración profesional permite recoger información sobre su historia de desarrollo, comunicación, interacción social, comportamiento, funcionamiento cotidiano y otras áreas relevantes.

También permite valorar si algunas dificultades pueden explicarse mejor por otros factores o si existen necesidades que aparecen conjuntamente.

Dependiendo del caso, la evaluación puede incorporar información aportada por la familia, observación clínica, instrumentos específicos y datos procedentes de otros contextos, como el colegio.

No debería tratarse únicamente de realizar un test y obtener una puntuación.

En Neuropsicología, la evaluación puede ayudar a comprender el perfil del menor y orientar qué apoyos pueden ser necesarios.

¿Qué cambia cuando llega un diagnóstico de TEA?

Para algunas familias, el diagnóstico trae alivio.

“Ahora entendemos por qué esto le costaba tanto”.

Para otras aparece miedo.

“¿Qué va a significar esto para su futuro?”.

También pueden surgir dudas, tristeza, preocupación o incluso culpa.

“Pensábamos que no quería hacer caso”.

“Le insistíamos mucho con algo que quizá realmente le resultaba difícil”.

“¿Deberíamos habernos dado cuenta antes?”.

No existe una reacción correcta que una familia deba tener ante un diagnóstico.

Puede necesitar tiempo para comprender qué significa y, sobre todo, qué significa específicamente para su hijo.

El diagnóstico puede ayudar a reinterpretar determinadas situaciones y orientar apoyos.

Pero hay algo que no debería cambiar:

vuestro hijo sigue siendo el mismo niño que era antes de conocer el diagnóstico.

Sus intereses siguen siendo suyos.

Su personalidad sigue siendo suya.

También sus capacidades, su manera de mostrar afecto, aquello que le divierte y todo lo que no puede explicarse únicamente mediante tres letras.

Cómo apoyar a un hijo con TEA desde casa

No existe una pauta universal que funcione para todos los niños con TEA.

Las estrategias deben adaptarse a la edad, el desarrollo, la comunicación, las capacidades y las necesidades concretas.

Aun así, existen algunos principios que pueden ayudar a muchas familias.

1. Intenta comprender qué hay detrás de una conducta

Imagina que teníais previsto ir al parque y, de repente, empieza a llover.

Cambiáis el plan.

Tu hijo se enfada intensamente.

Desde fuera podemos interpretar:

“Se ha puesto así porque no se hace lo que quiere”.

Pero quizá lo que está ocurriendo es diferente.

Había anticipado una secuencia concreta y ahora necesita reorganizar algo que para él no resulta tan sencillo.

Comprenderlo no significa que siempre tengamos que mantener todos los planes.

Significa que nuestra intervención puede cambiar.

En lugar de centrarnos únicamente en detener el enfado, podemos ayudarle a anticipar qué va a ocurrir ahora.

2. Anticipa los cambios cuando sea posible

No podemos conseguir que la vida sea completamente predecible.

Y tampoco sería deseable.

Pero cuando sabemos que algo va a cambiar, podemos anticiparlo.

“Hoy después del colegio no vamos directamente a casa. Tenemos una cita”.

“Este fin de semana vendrán personas a comer”.

“Dentro de diez minutos tendremos que marcharnos”.

Dependiendo de las necesidades del niño, puede ser útil utilizar apoyos visuales, horarios, imágenes u otras formas de anticipación.

La finalidad no es construir un mundo donde nunca ocurra nada inesperado.

Es proporcionarle herramientas para comprender y afrontar mejor las transiciones.

3. Observa qué situaciones producen sobrecarga

Un cumpleaños puede ser divertido para un niño y agotador para otro.

Música.

Personas hablando simultáneamente.

Niños corriendo.

Luces.

Contacto físico.

Cambios constantes.

Si observamos que determinadas situaciones terminan repetidamente en desregulación, conviene analizar qué ocurre antes.

Quizá necesita descansos.

Quizá un espacio más tranquilo.

Quizá permanecer menos tiempo.

Quizá anticipar mejor lo que va a ocurrir.

Adaptar una situación no significa necesariamente evitarla. A veces significa hacerla más accesible.

4. Adapta la forma de comunicarte

Cuando un niño está saturado, utilizar explicaciones largas puede aumentar todavía más la demanda.

En algunos momentos puede resultar más útil utilizar mensajes breves, concretos y claros.

También conviene revisar expresiones ambiguas, ironías o instrucciones demasiado generales cuando sabemos que le generan confusión.

No se trata de hablar siempre de una manera artificial.

Se trata de preguntarnos qué formato de comunicación ayuda realmente a nuestro hijo a comprender qué está ocurriendo y qué esperamos de él.

5. Ayúdale a reconocer sus propias necesidades

Con el tiempo, el objetivo no debería ser que los adultos tengan que detectar siempre qué le ocurre.

También queremos ayudar al niño, según sus posibilidades, a reconocer:

“Hay demasiado ruido”.

“Necesito descansar”.

“No he entendido”.

“Necesito saber qué va a pasar”.

“Esto me está poniendo nervioso”.

Poder identificar y comunicar una necesidad es una herramienta importante de autonomía.

6. No conviertas cada diferencia en algo que haya que corregir

Esta pauta es especialmente importante.

Cuando aparece un diagnóstico podemos empezar a observar constantemente:

“Esto lo hace por el TEA”.

“Esto tenemos que quitárselo”.

“Esto hay que trabajarlo”.

Pero no toda característica diferente necesita modificarse.

La pregunta debería ser qué impacto tiene.

¿Le genera sufrimiento?

¿Interfiere de manera importante en su vida?

¿Le impide desarrollar autonomía?

¿Existe algún riesgo?

¿O simplemente es una manera diferente de hacer algo que no perjudica a nadie?

El objetivo del acompañamiento no debería ser conseguir que un niño parezca menos autista. Debería ser favorecer bienestar, comunicación, aprendizaje y autonomía.

¿Qué hacer cuando aparece una crisis o una desregulación?

Este puede ser uno de los momentos más difíciles para las familias.

El niño empieza a llorar, gritar, bloquearse o reaccionar con una intensidad que parece desproporcionada respecto a lo que acaba de ocurrir.

Nuestra primera reacción puede ser:

“Tiene que aprender que no puede ponerse así”.

Pero durante una situación de gran desregulación quizá no sea el mejor momento para enseñar, razonar o exigir explicaciones.

Primero necesitamos reducir la demanda y valorar qué puede estar ocurriendo.

¿Ha habido demasiados estímulos?

¿Un cambio inesperado?

¿Una demanda que no ha comprendido?

¿Cansancio?

¿Frustración acumulada?

¿Dificultad para comunicar lo que necesitaba?

Según el niño, puede ayudar disminuir estímulos, reducir el lenguaje, facilitar un espacio tranquilo o utilizar estrategias de regulación que previamente sepamos que le funcionan.

Después, cuando esté regulado, podremos analizar lo ocurrido y trabajar alternativas.

Comprender una desregulación no significa permitir agresiones o conductas que ponen en riesgo a alguien.

Si existe riesgo, la prioridad es la seguridad.

La diferencia está en no interpretar automáticamente cualquier crisis como una decisión consciente de portarse mal.

Apoyar no significa sobreproteger

Después de recibir un diagnóstico puede aparecer otra reacción comprensible:

“No quiero que lo pase mal”.

Y empezamos a hacer cosas por él.

Evitamos cualquier situación difícil.

Respondemos antes de que tenga oportunidad de hacerlo.

Reducimos responsabilidades.

Anticipamos todas sus necesidades.

Pero tener TEA no significa que un niño no pueda desarrollar autonomía.

La pregunta no debería ser:

“¿Puede hacerlo exactamente como lo hacen los demás?”.

Sino:

“¿Qué apoyo necesita para poder hacerlo progresivamente por sí mismo?”.

Quizá necesita una tarea dividida en pasos.

Un apoyo visual.

Más tiempo.

Practicar primero acompañado.

Una instrucción más concreta.

Y después podemos ir retirando parte de esa ayuda cuando ya no sea necesaria.

Adaptar no significa asumir incapacidad.

Las normas familiares siguen siendo importantes

Tener un diagnóstico tampoco significa que cualquier conducta deba permitirse.

Los niños necesitan límites y convivencia.

La diferencia es que esos límites pueden necesitar adaptarse a su capacidad de comprensión y regulación.

Podemos mantener una norma y, al mismo tiempo, modificar la manera de enseñarla.

Podemos comprender por qué ha aparecido una conducta y seguir trabajando para que encuentre alternativas.

Comprender no es justificarlo todo.

Y poner límites no significa ignorar las necesidades asociadas al TEA.

Ambas cosas pueden coexistir.

¿Cómo pueden ayudar los hermanos?

Cuando existe un hijo con necesidades específicas, toda la familia puede reorganizarse alrededor de ellas.

Y los hermanos también viven ese proceso.

Pueden sentir curiosidad.

Protección.

Vergüenza en determinadas situaciones.

Enfado porque perciben diferencias en las normas.

O la sensación de que su hermano recibe constantemente más atención.

Conviene explicarles, de una manera adaptada a su edad, qué ocurre y por qué algunas ayudas pueden ser diferentes.

Diferente no significa necesariamente injusto.

Pero tampoco debemos esperar que los hermanos comprendan siempre todo, cedan constantemente o adopten un papel de cuidadores.

Ellos también necesitan atención individual, espacios propios y permiso para expresar emociones incómodas sin sentirse culpables por ellas.

La coordinación con el colegio es fundamental

Casa y colegio son contextos diferentes.

Un niño puede mostrar determinadas dificultades en uno y no en otro.

O utilizar tantos recursos para adaptarse durante la jornada escolar que la desregulación aparezca al llegar a casa.

Por eso es importante compartir información relevante.

¿Qué situaciones le cuestan?

¿Qué estrategias están funcionando?

¿Qué cambios se han observado?

¿Qué apoyos necesita?

¿Hay momentos del día especialmente difíciles?

La finalidad no es que familia y colegio controlen cada comportamiento.

Es evitar que cada entorno esté intentando comprender al niño desde información completamente distinta.

Cuando existe un equipo profesional, la coordinación entre familia, centro educativo y profesionales puede ayudar a mantener objetivos coherentes y adaptados.

¿Por qué es importante acudir a profesionales especializados?

Internet puede ofrecer información.

Otras familias pueden compartir experiencias valiosas.

Pero ninguna experiencia individual puede decirnos exactamente qué necesita otro niño.

Un profesional puede ayudar a valorar fortalezas y dificultades, establecer objetivos y adaptar las estrategias al perfil concreto.

Además, las necesidades pueden cambiar con el desarrollo.

Lo que resulta prioritario a una edad puede no serlo varios años después.

Por eso el acompañamiento profesional no debería entenderse como una búsqueda constante de cosas que “corregir”.

Debería servir para preguntarnos:

“¿Qué necesita ahora?”.

“¿Qué está dificultando su bienestar?”.

“¿Qué habilidad sería importante desarrollar?”.

“¿Qué podemos modificar en el entorno?”.

“¿Qué apoyo necesita la familia?”.

Dependiendo de las necesidades, puede intervenir más de un profesional y ser necesaria la coordinación entre diferentes áreas.

La familia también puede necesitar apoyo

Cuando hablamos de intervención en TEA, toda la atención puede quedar centrada en el niño.

Pero acompañar determinadas necesidades puede resultar exigente para los padres.

Puede haber cansancio.

Preocupación por el futuro.

Desacuerdos sobre cómo actuar.

Dificultades para organizar la vida familiar.

Culpa.

O sensación de que todo gira alrededor de las necesidades de uno de los hijos.

Pedir orientación no significa que la familia esté haciendo algo mal.

En algunos casos, trabajar desde la terapia de familia puede ayudar a reorganizar dinámicas, mejorar la comunicación y encontrar una manera más sostenible de responder a las necesidades de todos los miembros.

¿Cuándo conviene pedir ayuda adicional?

Tener un diagnóstico no significa que cualquier dificultad posterior deba atribuirse automáticamente al TEA.

Un niño con TEA también puede experimentar ansiedad, problemas de estado de ánimo, dificultades escolares, problemas de sueño u otras situaciones que merecen ser valoradas.

Conviene consultar cuando observamos:

  • Un aumento importante de ansiedad o miedos.
  • Rechazo persistente a acudir al colegio.
  • Cambios relevantes en el estado de ánimo.
  • Aislamiento creciente.
  • Problemas importantes de sueño.
  • Desregulaciones cada vez más frecuentes o intensas.
  • Conductas que ponen en riesgo al niño o a otras personas.
  • Una pérdida de habilidades o cambios importantes respecto a su funcionamiento habitual.
  • Un deterioro significativo de la convivencia familiar.
  • Padres que sienten que ya no saben cómo manejar determinadas situaciones.

En estos casos es importante valorar qué está ocurriendo en lugar de asumir que “es por el autismo”.

En función de la edad y de las necesidades detectadas, puede ser adecuado un acompañamiento desde terapia infantil u otras áreas especializadas.

Errores que conviene evitar después de un diagnóstico

  • Explicar cualquier comportamiento por el TEA. Tu hijo sigue teniendo personalidad, preferencias, emociones y circunstancias propias.
  • Compararlo constantemente con otros niños con el mismo diagnóstico. Compartir diagnóstico no significa compartir exactamente las mismas necesidades.
  • Intentar eliminar cualquier característica diferente. No todo aquello que se sale de lo esperado necesita intervención.
  • Sobreprotegerle. Los apoyos deberían facilitar progresivamente participación y autonomía, no sustituir permanentemente al niño.
  • Aplicar todas las recomendaciones que encontramos en internet. Una estrategia útil para otro niño puede no tener sentido para el nuestro.
  • Olvidar al resto de la familia. Padres y hermanos también tienen necesidades.
  • Esperar que el diagnóstico lo explique todo. Pueden coexistir otras dificultades que necesiten atención específica.

¿Cómo saber si una pauta está ayudando realmente?

Podemos hacernos algunas preguntas.

¿Está disminuyendo su malestar?

¿Comprende mejor lo que ocurre?

¿Está ganando herramientas para comunicar sus necesidades?

¿Puede participar más?

¿Está desarrollando autonomía?

¿La estrategia funciona en diferentes contextos o únicamente cuando un adulto controla todo?

¿Estamos mejorando su bienestar o únicamente consiguiendo que su comportamiento resulte más cómodo para los demás?

Esta última pregunta puede ser especialmente importante.

Una intervención no debería medirse únicamente por cuánto se parece el comportamiento del niño al que esperamos de los demás.

Preguntas frecuentes sobre cómo apoyar a un hijo con TEA

¿Cómo sé si mi hijo puede tener TEA?

Puede haber diferencias persistentes relacionadas con la comunicación e interacción social, patrones repetitivos, intereses intensos, necesidad de predictibilidad o características sensoriales, entre otras. Sin embargo, ninguna señal aislada permite confirmar un TEA. Si existen dudas, lo adecuado es realizar una valoración profesional del desarrollo y funcionamiento del niño.

¿Quién debe diagnosticar el TEA?

El diagnóstico requiere una evaluación realizada por profesionales cualificados y con experiencia en este ámbito. La valoración debe integrar diferentes fuentes de información y tener en cuenta la historia de desarrollo del menor, su funcionamiento actual y otras posibles explicaciones de las dificultades observadas.

¿Debemos cambiar todas las normas de casa después del diagnóstico?

No. El diagnóstico puede ayudar a adaptar algunas expectativas, formas de comunicación o apoyos, pero los límites y normas familiares siguen siendo importantes. La clave está en valorar qué necesita el niño para comprenderlos y cumplirlos de acuerdo con su edad y capacidades.

¿Es bueno mantener rutinas con un niño con TEA?

La predictibilidad puede resultar útil para algunos niños, especialmente cuando los cambios generan dificultades. Sin embargo, el objetivo no debería ser construir una vida sin ninguna variación. Podemos utilizar rutinas y anticipación al mismo tiempo que desarrollamos progresivamente recursos para afrontar cambios.

¿Debemos evitar las situaciones que le generan malestar?

No necesariamente. Primero hay que comprender por qué una situación resulta difícil. En ocasiones puede ser necesario modificar el entorno, reducir estímulos, anticipar lo que ocurrirá o adaptar la demanda. En otros casos puede trabajarse una aproximación progresiva. La decisión debe ajustarse a las necesidades concretas del niño.

¿Por qué necesita profesionales si nosotros ya conocemos bien a nuestro hijo?

La familia aporta información imprescindible porque conoce al niño en su vida cotidiana. El profesional aporta otra mirada: evaluación especializada, comprensión del desarrollo y herramientas para identificar necesidades y orientar apoyos. Ambas perspectivas pueden complementarse; una no sustituye a la otra.

El diagnóstico explica una parte de tu hijo, no quién es tu hijo

Después de recibir un diagnóstico es fácil empezar a mirar todo a través de él.

Por qué juega de determinada manera.

Por qué se enfada.

Por qué le gusta algo.

Por qué no quiere hacer otra cosa.

Pero tu hijo no empieza ni termina en un diagnóstico.

Habrá cosas que necesite aprender.

Situaciones en las que necesitará adaptaciones.

Momentos en los que vosotros necesitaréis orientación.

Y otros en los que lo que necesite será exactamente lo mismo que cualquier niño:

jugar, sentirse querido, ser escuchado, equivocarse, descubrir lo que le gusta y crecer sintiendo que las personas importantes de su vida intentan comprenderle.

El objetivo no debería ser construir un mundo en el que nunca encuentre dificultades.

Tampoco obligarle constantemente a adaptarse sin tener en cuenta cuánto le cuesta.

Se trata de encontrar un equilibrio entre apoyo y autonomía, entre adaptación y aprendizaje, entre comprender sus necesidades y seguir ayudándole a desarrollar recursos.

El diagnóstico puede ayudarte a comprender a tu hijo, pero no debería convertirse en la única forma de mirarlo. Primero está el niño: su personalidad, sus capacidades, sus intereses, sus dificultades y su manera particular de relacionarse con el mundo.

Si tenéis dudas sobre el desarrollo de vuestro hijo, necesitáis una valoración o ya existe un diagnóstico y no sabéis qué apoyos pueden ser adecuados, podéis contactar con nuestro equipo para valorar vuestro caso y orientaros sobre los siguientes pasos.

Volver al blog

Sin listas de espera

Estás a un paso de estar bien

Primera cita disponible en menos de una semana. Presencial en El Puerto de Santa María u online desde donde estés.

Diseñado y desarrollado con amor por EENDA